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lunes, 7 de febrero de 2011

Nadar y ahogarme en la orilla

Iniciamos una semana nueva, ya la segunda de febrero, con los versos de Walter González.

Las calles me son extrañas,
tu voz no conozco, un sueño
respira en tu luz, pequeño
residuo de fuego, engañas
al sol y a la luna, empañas
mi espejo. Tu amor, mi quilla,
Ardor de una pesadilla
que busca en mí de tu tacto
la culpa y un triste pacto,
nadar y ahogarme en la orilla.

El puente conduce al cielo,
la nube perdona pronto,
el agua que lleva al ponto
se traga mi ser y celo.
Detrás del celeste velo,
junto a la olvidada silla
encuentro tu voz, chiquilla,
y es tan solo un sinsentido
aferrarse a lo querido,
nadar y ahogarme en la orilla.

El cenicero depende
de mi garganta reseca,
una marca en la muñeca,
la mordedura de un duende.
Escupo al viento que enciende
de la hoguera la rencilla
y es tu lecho sin mancilla
razón de mi desespero,
talvez es que solo quiero
nadar y ahogarme en la orilla.

Eres ángel virginal,
Tu, la inmaculada estrella
que dejó sin ver la huella
que traspasa el bien y el mal.
Voy, ya llevo a tu quicial
mi llanto y el cielo brilla
mientras devoro la milla
que sobra entre tu y yo,
tu corazón repitió:
nadar y ahogarme en la orilla.

Tu silueta se encapsula
en mi pupila agrisada,
tu ríes y no hago nada
mientras una sombra emula
tu cuna, me voy, la gula
me hace preso, mi rodilla
tiembla tanto, maravilla
que tu temple ha provocado,
Tu, General, yo, soldado,
nadar y ahogarme en la orilla.

Mueca desabrida, errada
de dolor detrás de un labio,
Tu, cometa; yo, resabio
de tu fuego; Tu, alborada;
yo, el ocaso; Tu, la almohada;
yo, la sinrazón sencilla
que nos atrapa, nos pilla
no puedo retroceder
¿Qué me queda por hacer?
nadar y ahogarme en la orilla.

Quetzaltenango
Febrero 4, 2011