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miércoles, 30 de marzo de 2011

José Kozer escucha las canciones de Roy Orbison

Por Carlos Esquivel

Mucha de la música country es triste. La herencia irlandesa, presume Randoll Pearce. Y la del blues y las tabernas, y el honky-tonk, y las mandolinas, banjos, y el sur (la deportación al sur), presumo yo. Bellamy Brothers tiene una letra que habla de un granjero atormentado que prefiere el suicidio a una vida estéril. Tony Joe White y Patsy Cline hablan de lo doloroso de abandonar los parajes natales. Jim Reeves, Tammy Wynette, Ricky Nelson, Jerry Jeff Walker son tristes. Incluso Roy Orbison. Detrás, alrededor, en el trasfondo de sus acordes vivarachos, de su montaje operático, de sus trucos de rockero tardío, se trasfunde una energía cuya solemnidad es equiparable a algunos poemas de Kozer.


Yo vivo como Pound en las fronteras
del triste Port Spirit, sin escudo,
sin una mansedumbre, sin un nudo
de mísera zozobra o escaleras.
Lo malo es que no llevo las banderas
donde importe tan poco el de mi lado.
Yo vivo como Pound, y he marcado
las formas de vivir un episodio
donde el odio se finja tras el odio,
y el condenado tras el condenado.

(tomado de http://peglez.blogspot.com/)