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sábado, 13 de diciembre de 2008

José Batres Montufar, Parte III

Seguimos con más de la obra del Maestro José Batres Montufar.

Mitrídates, rey del Ponto,
se mató, no por su mano,
mas por la de un veterano
muy obediente y muy tonto.
Ero se echó al Helesponto
al ver a Leandro ahogado
(el pobre no era pescado)
y nadar de noche, a oscuras.
¡Ay, infelices criaturas!
Dios las haya perdonado.

Aníbal tomó veneno,
Scipiòn murió degollado,
Cinna fue descuartizado
y arrastrado por el cieno.
Cleopatra metió en su seno
el gusanillo del Nilo,
de peste murió Camilo,
Adriano de hidropesía,
y Sèneca de sangría
por orden de su pupilo.

Lucrecia de una estocada
le dio fin a su existencia,
a mi entender por demencia
más bien que por recatada.
Sapho al revés: desechada
por un mozo vagamundo,
tuvo un pesar tan profundo
que de un salto se mató:
salto que no diera yo
por todo el oro del mundo.

El apóstol Iscariote
se echó un dogal en la gola
por falta de una pistola,
de un puñal o de un garrote.
Les deseo el mismo lote
a todos sus sucesores
que a su patria y bienhechores
clavan saetas agudas,
¡que se maten como Judas
los ingratos, los traidores!.

De los hombres que vivieron
y su nombre nos dejaron
unos cuantos se mataron
y los demás se murieron.
Lo mismo que ellos hicieron
haremos en conclusión.
Esta es la sola razón
clara, palpable y notoria
que se saca de la historia
acerca de la cuestión.