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viernes, 2 de octubre de 2009

Aperitivo, Parte I

Así agradeció el licenciado David Vela, el almuerzo que se le ofreció en el Club Guatemala, el 25 de febrero de 1986, al cumplir en esa fecha sus 85 años de existencia.

I

Aunque se alargue la edad
que en nuestros días se alcanza,
nublan la humana esperanza
espectros de soledad;
vuestra solidaridad
es generosa atenuante
en mi edad itinerante,
porque se tiene una meta
que nuestra vida sujeta
al proceso declinante.

II

Diz que el envejecimiento
es proceso irreversible
y no hay un medio factible
ni algún procedimiento
aunque una y otra ver surge
un régimen, un menjurje,
que alivian algún achaque,
mas la edad mantiene el jaque
y el mate al cabo resurge.


III

Es antigua la apetencia
de lograr longevidad
—pues no hay inmortalidad—;
tras la Fuente de Juvencia
erran la magia y la ciencia…
machucando la semilla,
el tuétano o la criadilla,
buscando Sardá lo eterno;
gato viejo ratón tierno
nuestra gente traducía.

IV

No es segura la dietética,
lo cual no es verdad ni verso
—quizá lo pruebe este almuerzo—;
confían en la genética
otros, pero la aritmética
el entusiasmo contiene:
nadie ha programado un gene,
mucho menos siete mil
que en el proceso senil
generalmente interviene.

V

James F. Dries, doctor,
opina que salubridad
pública, es longevidad;
su cátedra en Standford
ha calculado el record
con ese objeto, y tal vez
su cálculo cierto es:
que la edad de los humanos,
con ambiente y cuerpo sanos,
“cada siglo crece un mes”.