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miércoles, 28 de julio de 2010

LO QUE DIJO EL ULTIMO GAUCHO (fragmento)

A galope en su bridón,
Profunda arruga en su ceño,
Como fantasma de un sueño
O legendaria visión,
Jadeándole el corazón
Extenuado de sufrir,
Frenó y comenzó a decir
Echando el chambergo atrás;
Oye, oh Patria, al gaucho audaz
Que quiere hablarte al morir.

Esta pampa que yo entrego
A tus hijos soberanos,
La regaron mis hermanos
Con su sangre que era fuego.
Y si brotó en ella luego
La de trigales henchida,
Es porque está bendecida
Con los restos de la muerte
Del gaucho que por quererte
Te entregó su alma y su vida.

Es porque en ella palpita
La fuerza de nuestro aliento
Es porque al soplar el viento
Con su pujanza infinita,
Aún el eco resucita
De eterna sombra que canta;
Del que tejió en guerra santa
Cien leyendas peregrinas,
Y se llevó las espinas
En los flecos de su manta.

Recuerda, Patria querida,
Que el gaucho siempre te quiso;
Que fuiste de su alma hechizo
Y la razón de su vida;
Jamás se cerró la herida
Que en él por tu amor se abriera;
Y cuando a la Patria viera
A punto de sucumbir,
supo primero morir
Para Salvar su bandera.

MONSEÑOR ALFONSO DURÁN

Alfonso Durán nació en San Juan de Puerto Rico, en las Antillas, el 21
de enero de 1883. Llegó a Santa Fe siendo muy chico y cursó sus estudios
primarios en la escuela Domingo Faustino Sarmiento, y el bachillerato, en
el Colegio Inmaculada Concepción en el Seminario anexo. Finalizados sus
estudios, fue nombrado profesor de Literatura del Seminario y de Castellano
en la Escuela Industrial de la Nación y en el Colegio Nacional, jubilándose en
este último con treinta y un años de profesorado.
Se destaca también su prolífera producción literaria, que abarcó géneros
tales como la Poesía y la Novela, logrando reconocimiento no sólo en el país
sino también en el extranjero. En su obra se nota una marcada influencia de
la Poesía Lírica y Épica a través de una envidiable facilidad para expresar
la interioridad de sus sentimientos y emociones, como también, en las
geniales descripciones determinadas por la acción y la aventura de los hechos
extraordinarios que glorificaron a nuestro pueblo. Prueba de esto es la palabra
de distintos actores de la sociedad santafesina de ese entonces, que expresaron
al unísono su dolor al momento de su partida aquel 6 de octubre de 1954.