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jueves, 5 de junio de 2008

Un poco de historia...

En el Diario de Centroamérica, entre las publicaciones de sus primeros años, aparecen páginas deterioradas, mutiladas según comenta Catalina Barrios y Barrios y Francisco Albizúrez Palma en su obra Historia de la Literatura guatemalteca (p.264). Sin embargo, entre los ejemplares de 1881 al 10 de abril de 1882, para los decimistas hay noticias agradables. Pese a que las noticias eran de instrucción pública, política, sanidad, ensayos científicos; en lo referente a la literatura, el diario no tenía en sus inicios mayor material. A partir del número ocho pueden observarse algunos versos anónimos que son el arranque de un como “Correo sentimental” humorístico.
El 16 de septiembre de 1882 publicaron el siguiente verso:

Aconteció que al pasar
un anuncio delicado
que ya estaba destinado
para este mismo lugar
el cajista echó a rodar
la galera del formato
y no pudiendo en un rato
reparar lo acontecido
con el aviso perdido
en vez de liebre da gato.

Goethele y Van de Putte
se guardan para mañana
y no digan que es jarana
que todo no vale un jute
ni que el caso se dispute
y un percance ligero
que gana poco dinero
esas negras averías
ocurren todos los días
y las remienda el coplero



En los primeros números de la época primera del Diario La Hora (No. 27) hay ya una página de “Literatura roja”, con versos de Humberto Porta Mencos, rebeldes contra la tiranía de Estrada Cabrera, bajo el título de “Seremos siempre esclavos” que aparecen en forma de décimas.



Los Pavones y los Aycinenas
Los Batres y los Piñoles
desde el tiempo de españoles
se nutren de las colmenas
siempre de cosas ajenas
y con su santa tonada
ha vivido esta camada
tomando por profesión:
el pillaje, la ambición,
el fraude y la zanganada.





En 1836, José Batres Montúfar publicó el poema “Suicidio” y con su magnífico sentido del humor, termina el poema con los siguientes versos:

Descansa ya, musa mía,
de tan penosa jornada
que no estás acostumbrada
a tanta carnicería.
Gustoso continuaría,
escuchando tu canción,
más no tengo corazón,
ni soy capaz en conciencia
de ver con indiferencia
semejante matazón.